sin presencia,
sin voz;
donde cada palabra parece un error, un desatino que me avergüenza y me espanta,
y me aleja
aún sabiendo que quiero hablarte
y contarte que a veces siento miedo,
o alegría,
o angustia,
o euforia,
o simplemente decir que no siento nada,
o simplemente contarte que me quedo sin alma y no sé qué decir
y que luego tú me cuentes todo.
Supongo que es muy pronto.