29 jul 2026

Desde hace ya varios meses, o ciertamente debería decir varios años, que me hago una y otra vez la misma pregunta, a la espera de una respuesta que esta vez logre cobrar sentido.

Quizá con algo de ingenuidad o desespero me pregunto qué es lo que me hacía feliz, qué me hacía soñar con el futuro y el presente, qué cosas me hacían vivir y sentir mi alma vibrar.

No quiero sonar injusto, hoy me hacen feliz muchas situaciones; soy feliz de momentos y de personas, y probablemente también seré feliz de recuerdos que hoy protagonizan mi vida.

Pero hay algo de mí que se perdió y que intento recuperar. No por un afán regresivo; por el contrario, porque necesito avanzar, y hacerlo requiere comprender cuál fue el camino hasta acá.

La bruma llenó todo a mi alrededor, 

escurre por mis manos y brota desde la cuenca de mis ojos, 

salvo momentos donde la lucidez emocional se transforma en una chispa que me hace vomitar y escuchar música de hace diez años atrás me hace sentir —con un placer cuestionable— que mi estómago se comprime de manera efímera; necesito conectar con todo lo que fui, no para volver a serlo, sino porque ahí pareciera haberse perdido la antorcha.

Necesito verte a ti, Ignacio.

Quizás entonces vuelva a caminar.

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